Soplaba el viento como si ese fuese el último día en el
universo. El cielo lleno de hojas que parecían huir. La calle vacía de gente
que parecía huir.
Y en ese rincón despiadado, entre árboles secos y tímidos
rayos de sol, sentada en un banco que parecía mordido por el tiempo, estaba
ella. Esa persona que injustamente no era ídolo de nadie, ni de sí misma. Esa
persona que, sin embargo, con los ojos cerrados reía creyendo que sus melenas
volaban al viento porque era la gran protagonista de la película que pronto
todos mataríamos por ver.
Esa persona que fue corriendo a buscar ese banco y esa
sensación a la vez que leía estas líneas.
Y solo hay una manera de que eso pueda ocurrir, el banco no puede andar muy
lejos.
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| Tic, tac, tic, tac... |

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