Estaba harta de preguntas. De ausencias presentes y de presencias ausentes. Ese cerebro suyo parecía un periodista barato.
Pero mirar a la pared siempre le tranquilizaba. Gris. Como ausente de color. Como diciendo: "puedes cerrar los ojos y ponerme el color que te dé la gana". Como señalando unas páginas vacías que pedían a gritos que alguien escribiese palabras en ellas. Y las fotos en blanco y negro parecían estar de acuerdo. Al verlas, sabes que podrían ser de cualquier momento. Sabes que tienen un color que tú mismo eliminaste. Y el esfuerzo de recordarlo, de acordarte del azul de aquel cielo, o del verde de aquella hierba, merece la pena. Sí, puestos a hablar de cosas que quizás nadie lea, los colores no son un mal tema.
Merece la pena como tantas otras cosas.
El micrófono parecía haberse roto.
-¿Te pasa algo?
-De todo y de nada.
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