Hay cosas incomprensibles.
No siempre son a qué huelen las nubes o qué mierdas está pasando aquí. A veces son simplemente sensaciones que no sabes por qué puerta han entrado. Voces que salen de ti y no reconoces como propias.
A veces son un simple algo que aunque no debería sorprender, una caja con lacito que gusta tener en la estantería. Un jarrón feo que no sabes dónde poner.
Son simplemente mañanas que te despiertas con ganas de desayuno en la cama y te conformas con una galleta sentada en el sofá. Noches de frío en las que ningún transeúnte aleatorio te presta su americana. Las películas mienten como descosidos. Descosidos que desencadenan el fin.
Son simplemente noches que duermes, bailando, tranquilamente. Al son de vete a saber qué.

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